Del salón al podio: una historia que sigue construyéndose 

Jeffrey Reyes

Hubo un momento de mi vida en el que me sentaba en un salón de clases en la Universidad Ana G. Méndez sin saber exactamente hacia donde iba, pero con la certeza de que algo en las comunicaciones me llamaba. Como muchos estudiantes universitarios, tuve dudas, inseguridades y momentos donde cuestioné si realmente estaba en el camino correcto. Pero también tuve algo clave: oportunidades. 

Ser Egresado de la UAGM, no solo me dio un título, me brindó grandes experiencias. Plataformas como Turabo Informa, la revista El Turabón, la Asociación de Comunicadores, alianzas con medios y cada proyecto académico fueron espacios donde, sin darme cuenta, comencé a construir lo que es mi carrera.  Allí entendí que las comunicaciones no son solo teoría; son práctica, son exposición, son errores que te enseñan más que cualquier libro. 

Años después, la vida me coloca en ese mismo salón, pero desde otra perspectiva: como Profesor. Y no les voy a mentir, no ha sido fácil.  Asumir este rol me ha retado en muchos niveles, pero también me ha transformado profundamente. 

Hoy veo en mis estudiantes lo que un día fui yo.  Veo esa curiosidad, esas ganas de aprender, pero ese miedo de no saber si lo están haciendo bien. Y ahí es donde confirmo que mi rol va más allá del material: es conectar, guiar y dejar huella en su proceso. 

Algo que me ha marcado es ver el interés genuino de los estudiantes. Quieren aprender, crecer y aprovechar cada consejo. Eso, en una generación que vive en constante distracción, es poderoso. Eso es conexión real.  

Porque la universidad no es solo un espacio para aprobar clases, es un espacio para descubrir quién eres, para equivocarte, para intentar y volver a empezar. Y como Profesor, mi mayor satisfacción no es que memoricen conceptos, es que encuentren dirección. 

Mi experiencia profesional, desde trabajar en escuelas especializadas hasta desarrollar mi propia agencia de Publicidad, me ha enseñado algo que intento transmitir todos los días: las oportunidades no llegan solas, se construyen. Y muchas veces comienzan en espacios como ese salón de clases donde hoy estás sentado. 

A los jóvenes universitarios que están leyendo esto: no subestimen este proceso. Pregunten, participen y conecten. No tengan miedo de acercarse a sus profesores, porque detrás de cada uno hay historias, errores y aprendizajes que pueden servirles. 

Yo fui estudiante antes de ser Profesor y aún hoy, sigo aprendiendo. Porque lo importante no es hasta dónde llegas, sino en quién te conviertes. Y en ese recorrido, del podio al salón, sigo construyéndome. 

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